Thoughts
Iba por la calle y, de repente, me esfumé sin dejar rastro.

Voigtländer
28 mm / 1:2 APO Lanthar aspherical
Powerful and fast wide-angle lens
voigtlaender.de/z-mount/28-mm-1-2-apo-lanthar?lang=en
Otra lente divina de Cosina:
La primera mitad recurre al viejo esquema retrofocus/Distagon. Lo terrorífico está en la segunda mitad: ese bloque convergente de tipo Biogon/simétrico, algo que solo permite la distancia de registro absurdamente corta que en la era réflex, ni en sueños.
12 elementos en 8 grupos, con 6 cristales de dispersión anómala parcial, 2 lentes asféricas de doble cara y mecanismo de enfoque flotante. Seis. La mitad del objetivo es vidrio especial. Cosina ha despreciado por el coste completamente ésta vez.
Su único rival real es su enemigo filosófico: el Leica Summicron-M 28mm f/2 ASPH. Con 1/4 del precio.
Aun así, me gustó más el arcoíris del APO Z de primera generación. E en la vida real, 28mm se debe disparar con GR.
Esos arrepentimientos, largos o breves, y esas ternuras, hondas o leves, acabarán volviéndose la barca de toldo negro que un día llegará a la orilla donde tú esperas, cargada con la luz oblicua del atardecer.
El caballo, como especie, está hecho para la cría en libertad; el encierro lo degrada inevitablemente. Su naturaleza es profundamente miedosa, o, dicho con más precisión, carece de seguridad. Fisiológicamente necesita amplitud: grandes espacios para sostener esa sensación de seguridad, distancia para no sentirse acorralado, y carrera para construirla. En el ejército, antiguamente, los caballos se gestionaban por separado durante la noche; de lo contrario, los problemas no tardaban en aparecer. Pero, al mismo tiempo, el caballo es un animal gregario: la presencia de otros caballos refuerza su sensación de resguardo. Por eso, de las tierras estrechas y saturadas de gente no salen buenos caballos; los buenos caballos nacen en lugares amplios, donde pueden criarse sueltos.
Cuando tenga un poco de tiempo, escribiré sobre Pentax.
En aquel segundo, él sólo quería seguir vivo. Sólo quería tumbarse sobre la escarcha y alcanzar aquella tabla. Ella tendió la mano, lo atrajo hacia sí y, sonriendo, le acarició la cara a través del guante. Cayó un copo de nieve y fue a posarse, al mismo tiempo, sobre las dos narices. Él la abrazó por detrás y se lanzaron desde el permafrost de la alta montaña, cruzando estrellas heladas, en dirección a una aurora gélida y severa, sin volver la vista atrás❄️.
